En el pasado, la cultura organizativa de las empresas en que dominaba la
presencia masculina (tal y como podemos ver en la mayoría de las empresas de
hoy), tendía a crear ambientes de feroz competencia, falta de comunicación,
actitudes individualistas y una enorme burocracia. Hoy, podemos imaginar un
ambiente de trabajo distinto. Sólo se necesita conocer las habilidades de
hombres y mujeres en relación con el trabajo y conciliarlas del modo más
adecuado.
Las mujeres, a diferencia que el hombre, desde la infancia juegan en
pequeños grupos (entre 2 y 4) mientras que por el contrario los hombres lo
hacen con grupos más amplios, en los que trabajan habilidades y competencias
distintas a las trabajadas por la mujer.
Debido por tanto, a acusas contextuales y al proceso de crecimiento en
el que el niño\a se desenvuelve, podemos atribuir distintas características a
hombres y mujeres. A continuación referenciare algunas diferencias o aspectos
resaltados en ambos sexos, encontrados en la red:
“Por su parte, a los hombres no les gusta pedir
ayuda, sino que buscan conquistar la situación por sí mismos, como si de un
reto se tratara.” . Vemos por tanto, como el hombre enfatiza en la
autogestión y el trabajo autónomo, por tanto, dejando a un lado competencias
como la empatía, y habilidades sociales como el trabajo en equipo.
“En el trato con los compañeros, suele tomar en consideración
los sentimientos de los demás y percibe al momento sus estado de ánimo. En las
negociaciones es más reticente a tomar decisiones hasta considerar que cuenta
con toda la información necesaria para ello. Y en una entrevista de trabajo,
mientras el hombre presenta mayor confianza en sí mismo y “se vende” mejor al
empleador, ella resta importancia a su papel y enfatiza el trabajo de “su
equipo”. Por el contrario, en la mujer, se puede observar como el trabajo en
equipo, la capacidad de escucha, y el factor emocional, son características más
desarrolladas por esta que por el hombre, repercutiendo por tanto en el trabajo
en equipo y en las relaciones interpersonales.
El mundo de
la empresa es un mundo complejo, y el modelo de trabajo masculino ni el
femenino puede proporcionar una organización equilibrada sin el complemento del
otro. Pero no sólo es necesario lograr un equilibrio entre las habilidades
masculinas y femeninas en el seno de la organización; también es preciso que
ese equilibrio se dé en cada hombre y cada mujer pues, como personas, se enriquecen
mutuamente.
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